Como equipo de El Sexto Elemento, analizamos algunos aspectos esenciales para entender ciertas pelíbest indoor tv antenna for hdtv free vegas world casino gamesculas del género de ciencia ficción. Es importante siempre acordarse que toda opinión, siempre, trata de ser objetiva, aunque, ¡QUÉ ABURRIDO SERÍA EL MUNDO SI TODOS TUVIÉRAMOS LAS MISMAS OPINIONES!

En esta sección, El Sexto Elemento ha colaborado con Carlos Molina, doctor en filosofía, catedrático de la UCA, columnista y amante del buen cine (en especial del género de ciencia ficción).

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¿Qué es Cloverfield?

El miedo destruye a los juguetes

Cloverfield no es una película para todos. El largometraje narra el intento de supervivencia de un grupo de amigos y familiares en el caso “Cloverfield”. Este caso consiste en la destrucción de la isla de Manhattan a manos de un monstruo gigante, llamado coloquialmente Clover. Pero esta criatura no solo quiere dar un mensaje de aniquilación, sino de miedo.

Pero ¿Por qué miedo? Cloverfield parece no lanzar un mensaje en específico, en realidad, cada quien interpreta al monstruo a su manera. Para algunos representa la destrucción o incluso, el terrorismo. No hay teorías erróneas. Pero para entender lo que es Cloverfield, hay que entender al monstruo y la situación de pánico que creó y eso se puede resumir en un apellido: Lovecraft.

El monstruo de Cloverfield es una creación indirecta de, posiblemente el mejor escritor de terror de todos los tiempos, Howard P. Lovecraft. Él tenía un estilo único al igual que sus criaturas. Estas eran apocalípticas, horrorosas, gigantes, tenebrosas y terriblemente poderosas. Sin duda alguna, Clover es la reencarnación viva de una criatura lovecraftiana.

Pero Lovecraft, lo que nos hacía entender era lo insignificante que era la naturaleza humana (comparándonos con juguetes) junto a los dioses o monstruos que la destruían. Eso ocasiona miedo. Un miedo que puede aparecer en cualquier momento, un miedo capaz de cambiar nuestras vidas, un miedo que nos hace aterrarnos y que estará ahí sin que lo sepamos, como Clover.

Cloverfield es la representación lovecraftiana del miedo. Ese miedo que nos gana y que puede aparecer en cualquier momento. Cloverfield es más que una película, es una vista de nuestra realidad, que es invadida siempre por el monstruo del miedo. Un miedo capaz de hacernos sentir como juguetes y que puede destruirnos.

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Las Dos Caras de Gotham

Gótica es la ciudad favorita de la mafia. El caos se imparte en las calles. Pero la diferencia con otras mafias, es que, en Gótica, las reuniones de estos grupos criminales son a la luz del día. La razón básica es Batman. Y la mafia no tiene miedo solo de el “caballero de la noche”, sino de su legado y las cosas que produce en la ciudad.

Pero lo que Gótica necesitaba, no era a un vigilante con máscara. Era a un héroe que pudiera mostrar su rostro en la luz del día y el terror de la noche. Yo, Harvey Dent, quise ser ese héroe, pero me ganó la mafia, el guasón y la persona que más odio en este momento: James Gordon. Mi novia, Rachel Dawes, pagó el precio de mis acciones.

Todo empezó cuando apareció el guasón. Un hijo de perra que aparenta ser loco, pero, en realidad es el criminal más inteligente que existe. Él no quería dinero, solo quería llevar a Gótica, a un estado de anarquía. Yo me metí a la pelea por ser fiscal del distrito para limpiar la ciudad del mal. Mi campaña fue apoyada por los multimillonarios, como Bruce Wayne.

Pero después de un robo de la mafia, colabore con Batman para “hacer cantar” al culpable: Lau. Después, el guasón comenzó a matar, y me buscó a mi, pero me salvó el enmascarado. Después no tuve más opción que hacerme pasar por Batman, para poder capturar al guasón, grave error por cierto. El guasón planeó todo, y así mató a Rachel y me convirtió en lo que soy.

Él escapó. Yo no pedí pedazos de piel y preferí mostrar mi cara natural. Fui secuestrado por gente que Gordon debía conocer. Por su culpa, mataron a mi familia y ahora yo estoy a punto de matar a la suya. Dejó esta carta para que conozcan la historia, de un hombre que lo perdió todo por tratar de llevar sus buenas intenciones a la ciudad que ama. Te veré en el cielo Rachel.

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Avatar o el anticapitalismo ingenuo – Carlos Molina

La ciencia ficción que representa este filme, reproduce junto a la utopía imaginada, otra construcción fantástica que nos muestra el mundo tal como llegará a ser si las cosas siguen como están.La reciente cinta Avatar recaudó millones en sus primeras semanas de presentación y algunos medios han señalado que su éxito podría estar relacionado con la crítica al capitalismo imperialista y al militarismo estadounidense. La historia muestra una alianza maléfica entre los militares y las grandes empresas para apoderarse de los valiosos recursos minerales de Pandora, una lejana luna poblada por enormes humanoides azules.

Según la religión hindú, un avatar es la encarnación terrestre de una deidad, aunque la palabra también puede entenderse como sinónimo de “transformación”. Creo que este último sentido es el que más resuena en la película de James Cameron. Los humanos pueden “reencarnar” en sus avatares, que son híbridos de humanos y Na’vi, los indígenas de Pandora. Mediante este artilugio, los invasores humanos pueden descubrir las debilidades de sus anfitriones. Pero el plan fracasa porque los avatares son transformados por la cultura y la exuberante vida de la luna verde. Jake (Sam Worthington), militar parapléjico que se enamora de Neytiri, una princesa Na’vi (Zoe Saldaña), y la científica Grace Augustine, interpretada por una madura Sigourney Weaver (lo que ya nos avisa que la cosa se pondrá dura y sangrienta), se unen a los Na’vi en su lucha para defender la luna de los mercaderes de muerte humanos. La victoria será posible gracias a la intervención de la red vital de Pandora, una especie de Internet formada por cadenas de ADN, los espíritus de los muertos, y todo viviente consciente y listo para el combate. Finalmente, los representantes comerciales de las transnacionales y sus “rambos” interplanetarios son expulsados de Pandora, para regocijo de los Na’vi.

Más allá de las naves espaciales y los mundos de otras galaxias, Avatar es ciencia ficción porque reproduce, junto a la utopía imaginada, otra construcción fantástica que nos muestra el mundo tal como llegará a ser si las cosas siguen como están. Esta metatopía y metacronía (Umberto Eco) se nos revela en la cinta con una realidad brutal, a pesar de que no tenemos imágenes visuales de la misma: Nunca vemos a la contaminada y sombría Tierra del futuro, sino a la más bella y pura de nuestro pasado imaginado (Pandora).

Efectivamente, la visión de los Na’vi danzando al unísono, sus costumbres pacíficas y su armonía con el entorno son una hábil construcción. El romanticismo del “buen salvaje” es inseparable de esa idea de “lo indígena” como sabiduría, equilibrio y salud; en todo caso, una imagen bastante dudosa. Ya en la cinta encontramos situaciones que podrían invitarnos a reflexionar sobre la legitimidad de la cacería de animales para sobrevivir o la conveniencia de la estructura social patriarcal de los Na’vi, jerarquizada y ligada a supersticiones, de las cuales no están libres muchos de los mal llamados “pueblos originarios”. Pero lo más importante es que los pueblos terrestres en los que pudieron inspirarse para imaginar a los Na’vi se quedaron definitivamente en nuestro pasado, un lugar al que no podemos retornar. Los Na’vi pueden respirar tranquilos (al menos mientras los terrestres no regresen con bombas nucleares), pero no hay esperanza para la humanidad. Por desgracia, nuestro lugar en la cinta está con los derrotados que regresan sucios y con mirada torva a su oscuro y podrido planeta…

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El monstruo no era Hitler – Carlos Molina

» Esto último nos permite volver al Alien de Ridley Scott. El octavo pasajero ya estabaentre nosotros: el monstruo sale de nuestras entrañas, así como los desgraciados astronautas no eran sino las víctimas necesarias para la voracidad de la empresa que los envió a la muerte. El monstruo sale de las mismas entrañas de nuestra civilización. «…

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Software & Hardware: almas y cuerpos posthumanos – Carlos Molina

No hay que ser tecnofóbico para sospechar que el culto a la informática, a la Internet y a la “sociedad del conocimiento” puede coincidir perfectamente con una condición de inconciencia colectiva, lo cual justifica plantear la pregunta: ¿acaso nos damos cuenta de algo? Vale la pena reparar en las palabras de uno de los personajes más representativos del ciberpunk, el cowboy del ciberespacio y protagonista del cuento homónimo “Johnny Mnemónico”:

“Me di cuenta de que no tenía la menor idea de lo que estaba realmente sucediendo, ni de lo que, se suponía, debía suceder. Y ése era mi juego, porque he pasado la mayor parte de mi vida como un receptáculo ciego que se llena con el conocimiento de otras personas, conocimiento del que luego se me vacía: un chorro de lenguajes sintéticos que nunca comprenderé. Un chico muy técnico. Claro que sí” (William Gibson, “Johnny Mnemónico”, en Quemando cromo, Barcelona, Minotauro, 1994, página 34).

Johnny es el hombre máquina: técnico, eficiente, óptimo. Para poder prestar sus servicios como “disco duro” que puede ser enviado a lugares remotos, con información demasiado importante como para enviarla por la red, Johnny permite que le eliminen los recuerdos que acumulaba en su memoria, vaciando su cerebro y haciendo espacio para la información valiosa ($) que deberá trasladar en cada encargo. Pero el precio que ha tenido que pagar no es poca cosa: renunciar a su identidad, su vida, lo que él es. Creo que la metáfora nos remite, sin lugar a dudas, a lo que está sucediendo en buena parte de nuestras “sociedades de la información”: cambiamos nuestra identidad, nuestra libertad y nuestra independencia por la oportunidad de cargar con una información que nos hace sentir que estamos en el juego, pero que al final nos roba nuestra humanidad. ¿No es paradójico que vivamos rodeados de información, pero que no nos enteremos de las cosas que podrían pasar y que efectivamente “nos pasan”?…

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Escritor

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